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Andalucía, Game Over




Llevo unos cuantos días intentando asimilar la noticia, y lo hago con el objetivo de reflexionar a fondo y no dejarme llevar por la indignación y el enfado, y poder hablar con conocimiento de causa.

Resulta que la Junta de Andalucía  ha decidido poner precio a las entradas de los museos públicos de nuestra tierra. Sí, así como lo oyen. Esos espacios que hasta ahora eran refugios gratuitos de conocimiento, belleza y memoria, pronto se convertirán en exclusivos clubes para aquellos que puedan o quieran permitirse el lujo de pagar la entrada.

 

Imaginen la escena: una familia humilde, con varios hijos y los padres contando cada céntimo, se acerca al museo ansioso por descubrir los tesoros que alberga. Pero, oh, sorpresa, se topan con un insensato cartel que anuncia precios que van desde los dos hasta los seis euros por cabeza. La ilusión se desvanece, los sueños de sumergirse en la historia y el arte se desmoronan ante la dura realidad económica. Con los hombros caídos, se dan la vuelta y se alejan, privados del derecho a la cultura que debería ser un bien común. Ya te digo que ahí es justo cuando se desvanece cualquier oportunidad de que de ahí nazca un nuevo artista, cuando cortamos por completo la relación de la sociedad con la cultura. Se pierde el apego y el interés. Me da una pena profunda, y me siento muy decepcionado por esto.

 

Pero, ¿Y qué hay de los estudiantes, esas jóvenes mentes que NECESITAN aprender y expandir sus horizontes? ¿Tendrán que elegir entre pagar el alquiler o disfrutar de una visita al museo en exclusiva con su facultad? Y bueno, ¿Que pasa con los jubilados, aquellos que han dedicado su vida al trabajo y que ahora, en su merecido descanso, se ven obligados a elegir entre pagar un precio absurdo por sumergirse en el legado de su tierra? Una entrada reducida no arregla nada.

Desde luego, los defensores de esta medida argumentarán que los ingresos generados se destinarán al mantenimiento y conservación de los museos. Pero, ¿acaso no deberíamos invertir en la preservación de nuestro patrimonio cultural como sociedad? ¿No es esa una de las funciones fundamentales de un gobierno responsable?

 

Además, ¿qué hay del impacto en el turismo? ¿Acaso no atraemos a visitantes de todo el mundo con la promesa de una rica historia y una cultura magnífica? ¿Cómo reaccionarán cuando se enteren de que tienen que pagar por acceder a nuestros tesoros públicos? ¿Optarán por destinos más acogedores y accesibles? Apenas se recaudarían 7.8 millones de euros al año... díganme, ¿qué hacemos con eso? Mejorar las condiciones laborales de los profesionales del arte en Andalucía? Me río por no llorar.

 Pero bueno, más allá de los aspectos económicos y turísticos, obviamente hay una cuestión mucho más profunda en juego: el derecho a la cultura. La cultura no es un lujo, es un pilar fundamental de nuestra sociedad. Un derecho. Es lo que nos define, nos enriquece y nos conecta con nuestras raíces; es el legado que heredamos y que debemos preservar y compartir con las generaciones futuras. Simplemente imaginen un mundo donde solo los ricos puedan disfrutar de la belleza de un cuadro de Velázquez o de la majestuosidad de cualquier obra en cualquier museo de carácter público. Imaginen una sociedad donde el conocimiento y el arte se conviertan en mercancías exclusivas, accesibles solo para unos pocos privilegiados. ¿No sería eso un retroceso a la oscuridad, un golpe a la igualdad y a la democratización del saber?

 

No, amigos míos, la cultura no puede tener precio. Debe ser un derecho universal, accesible para todos, sin importar su condición económica o su procedencia. Los museos deben ser lugares de encuentro, de aprendizaje y de inspiración, donde todos podamos sumergirse en el rico tapiz de nuestra historia y tradiciones, y antes de aplaudir esta medida, pensemos en las consecuencias a largo plazo. Pensemos en cómo estamos privando a generaciones enteras del acceso al conocimiento y al enriquecimiento cultural. Pensemos en cómo estamos creando una brecha cada vez más profunda entre los que tienen y los que no, una brecha que no solo afecta a los bolsillos, sino también directamente a nuestra sociedad. En vez de levantar más muros y poner precios sin sentido, deberíamos estar derribando barreras y fomentando la inclusión. Deberíamos estar invirtiendo en programas educativos, en actividades culturales gratuitas y en la promoción directa del arte, la historia y todo ese patrimonio que nos PERTENECE A TODOS. En definitiva. Deberíamos estar creando oportunidades, no limitándolas.

 

Así que es hora de reivindicar, de luchar por un acceso universal a la cultura. Es nuestro papel preservar nuestro legado para poder compartirlo con orgullo y generosidad. Porque la cultura no es un lujo, es un derecho fundamental que nos define como seres humanos y nos enriquece a todos de una manera sobrenatural.

 

¿Están conmigo?

 

Texto por:

Suso Barciela

Art Advisor, Art Critic & Exhibition Curator

www.elespacioaparte.com








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