Todo esto se está volviendo un poco predecible, aburrido y continuista. El otro día, haciendo "reeling" me salió un señor muy elegante hablando de un cuadro que si soy sincero, ni me acuerdo. Yo solo estaba escuchando palabras sin entender mucho lo que decía… a mitad del vídeo salió el precio en pantalla y casi me atraganto. Sentí un poco de vergüenza. ¿Soy yo el que no ve lo sublime? ¿O se estaban quedando conmigo? No sabría qué decirte. Aunque bueno, eso no es lo importante, solo es una simple anécdota. Lo realmente importante es que debajo de esa publicación se esconde una de las ideas más buenas de la teoría económica moderna: la asimetría de información . George Akerlof recibió el Premio Nobel de Economía en 2001 por sus análisis de mercados, donde dice que siempre una parte sabe mucho más que la otra. Su trabajo más famoso, "The Market for Lemons" , explicaba cómo un mercado puede empeora...
El arte se ha convertido en un animal herido que agoniza por los pasillos de un mercado que dice que lo va a salvar. Y no deja de ser una ironía que los nuevos apóstoles de la inversión cultural susurren sus consejos al oído de cualquiera que le sobre un poco en la cuenta corriente. Ya me entendéis. Enciendo un podcast y allí están: dos tipos con una presentación impecable, cruzando las piernas en un sillón de diseño y una seguridad sobreactuada, explicándote con toda la autoridad del mundo las ventajas de meter dinero en un cuadro como quien recomienda un fondo indexado. Dicen que eso es "entrar en el arte" . Wow. Contratas a un enchaquetado, a un asesor financiero reconvertido a art advisor para que te diga qué te conviene colgar en el salón. Eso sin duda es una promesa casi tan seductora como vulgar: cuando te aburras de tener colgado ese trasto ahí, lo revendes por un poco más. Lo apar...