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¿Hasta cuándo?

                                     

¿Estás cansado de ir a museos y sentirte como un completo idiota frente a esas obras de arte abstracto? Esas pinceladas aparentemente aleatorias, esos montones de basura elevados a la categoría de "instalación artística". Sí, ya sé lo que estás pensando: "¿En serio? ¿Esto es arte?". 

 

Bienvenido al club del desconcierto artístico contemporáneo.

 

Pero antes de despotricar contra esos artistas "modernos" y su supuesta falta de talento, permítanme jugar un poco al abogado del diablo. ¿Alguna vez te has preguntado por qué tanta gente inteligente y cultivada ve profundidad y belleza en esas obras que a ti te parecen una completa tontería? Aquí está el quid de la cuestión: el arte abstracto y contemporáneo no está hecho para ser "bonito" en el sentido tradicional. No busca complacer al ojo con paisajes idílicos o retratos realistas. En cambio, su objetivo es desafiar nuestra forma de ver el mundo, sacudirnos de nuestras zonas de confort estéticas y hacernos reflexionar sobre conceptos más profundos.

 

Sí, lo admito, a veces los artistas se pasan de la raya y terminan creando obras que son, perdónenme la franqueza, un completo desastre. Pero cuando lo hacen bien, el arte contemporáneo y abstracto puede ser una ventana imprencisdible a nuevas formas de percibir la realidad, de cuestionar nuestras suposiciones y de explorar ideas complejas de una manera visceral y emotiva.

Piensa en ello: ¿no es emocionante la idea de que un simple lienzo cubierto de pintura pueda contener toda una cosmovisión, una crítica social o una reflexión existencial? Claro, tal vez no lo veamos a simple vista, pero ahí es donde entra en juego nuestro viejo amigo, el crítico de arte. Estos eruditos del mundo artístico son como chamanes que nos guían a través de los intrincados laberintos del arte contemporáneo, y con sus interpretaciones y análisis, nos ayudan a descifrar los códigos ocultos en cada obra, revelando las capas de significado que yacen debajo de la superficie.

 

Pero, seamos honestos, a veces los críticos de arte se vuelven tan crípticos y pretenciosos que terminan alejando aún más al público general del arte contemporáneo. Con su jerga rebuscada y sus referencias obscuras, pueden hacer que una simple mancha de pintura parezca una disertación filosófica digna de un doctorado en arte contemporáneo.

 

Entonces, ¿qué podemos hacer para reconectar con este tipo de arte?

Bueno, en primer lugar, dejemos de lado la actitud de "esto lo pudo haber hecho un niño de cinco años". El arte abstracto y contemporáneo no se trata de la técnica o la destreza manual, sino de la conceptualización y la exploración de ideas. En segundo lugar, abrámonos a la posibilidad de que tal vez, solo tal vez, esas obras aparentemente sin sentido contengan algún tipo de significado profundo que simplemente no logramos captar a primera vista. Seamos curiosos, preguntemos, investiguemos. Quien sabe, podríamos terminar descubriendo una nueva forma de ver el mundo. Y finalmente, no tengamos miedo de decir "no lo entiendo" de vez en cuando. El arte contemporáneo no es una religión, y nadie debería avergonzarse por no comprender todas y cada una de sus manifestaciones. Pero al mismo tiempo, no descartemos automáticamente lo que no comprendemos de inmediato. Mantengamos una mente abierta y dispuesta a explorar nuevos horizontes artísticos. Así que la próxima vez que te encuentres frente a una obra de arte abstracto o contemporáneo que te deje perplejo, no la rechaces de inmediato. 

Respira profundo, deja que tus sentidos se abran y permite que la experiencia te transporte a nuevos territorios de percepción y comprensión.

Quien sabe, podrías terminar descubriendo una nueva forma de ver el mundo, o al menos tendrás una buena anécdota para contar en tu próxima reunión.


Texto por Suso Barciela

Art Advisor, Crítico de Arte y Comisario de Exposiciones.




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