Ir al contenido principal

El síndrome de la sombra en la cueva

 


Consumir no es crear. De hecho, el consumo masivo y pasivo suele ser el mayor enemigo de la creación. Me encontré con un concepto que me encantó: espejismo de la proximidad. En pocas palabras decía que si pasas todo el día viendo a gente haciendo cosas, realmente estás dentrísimo del efecto Dunning-Kruguer. Ves el proceso simplificado, editado, con música y un resultado increíble; y tu cerebro, al estar tan cerca del acto a través del móvil, confunde familiaridad con habilidad. Solemos pensar "ya sé cómo se hace, lo he visto mil veces hacerlo", pero conocer la receta no significa que lo cocines sea comestible.

Esto empeora porque estar todo el día viendo contenido actúa como un sucedáneo de hacer o saber. El cerebro a menudo interpreta el consumo intensivo de un tema como un progreso hacia la maestría en él...y no. Solo es una gratificación inmediata sin el esfuerzo que conlleva ese resultado en concreto. Y en lugar de enfrentarte al lienzo en blanco (con todos los malditos problemas que eso conlleva) consumes el producto de otro ya terminado. Pum! dosis de dopamina, no le damos like y movemos el pulgar hacia abajo.

Es curioso, porque esto es como ver stories de gente en el gimnasio y creerte que tú también has ido. Es absurdo ¿no? Por eso, el impulso de "yo también puedo" producto de lo pasivo casi siempre no vale para nada. Es deseo sin voluntad, y dime tú para que vale eso. El impulso creativo tiene que nacer de una necesidad genunia e interna de expresar o decir algo, no de imitarlo (y encima mal).

Por suerte, el todopoderoso Kant nos ofrece LA herramienta para entenderlo todo. Hace una perfecta división entre juicios determinantes y juicios reflexionantes.

Para que nos entendamos: un juicio determinante aplica una regla universal a un caso particular, es como decir: "esto es un triángulo" porque cumple las reglas de ser un triángulo. El arte, sin embargo, exige el otro, el juicio reflexionante, ya que partimos de una experiencia particular de la obra y buscamos, sin una regla preconcebida, un concepto para entenderla. No sé si me explico.

Esto es fundamental porque no hay un manual para juzgar el arte, y entiendo el porqué. La experiencia estética se da en lo que Kant llama el "libre juego de las facultades", donde por una parte, nuestra imaginación, intenta descifrar los elementos sensibles de la obra; y por la otra, nuestro entendimiento, que intenta identificar los conceptos para luego ordenarlos. Si una obra consigue esto, seguramente la consideremos buena. Otra cosa muy interesante de la que habla es que también diferencia entre el genio y el gusto. Para él, el genio no es un loco inspirado, sino más bien la capacidad de cambiar el paradigma desde lo propio; quien da la reglas al arte, no quien las sigue. 

Por otro lado está el gusto, que no es más que la "capacidad" de juzgar esa obra.  Aplicando esto al ejemplo anterior, esa persona que consume masiva y pasivamente reels está si acaso, ejercitando su gusto. Puede que de alguna manera esté refinando su capacidad de juicio reflexionante, pero está completamente desconectada del proceso del genio, que es lo que nos interesa de verdad. Creemos que porque nuestro "gusto" se ha agudizado y sabemos lo que nos gusta, nuestra capacidad de genio ha crecido sin el proceso que hay detrás. Y esto es falso; simplemente pasa porque la relación es simbiótica.

Atravesamos una dura crisis de percepción en cuánto a lo contemporáneo. Es muy triste reconocerlo, porque hemos pasado de la hegemonía artística al declive y éxodo generacional. Esto ha llevado al extremo la primacía del juicio reflexionante, donde muchas obras ya no te invitan a admirar su técnica (que sería un juicio determinante) sino que te lanzan una pregunta de vuelta.  Frente a un ready-made por ejemplo, el espectador, acostumbrado a consumir belleza técnica, piensa que eso no es arte, que él también podría hacerlo. Y tiene razón en lo literal, pero falla miserablemente en el juicio reflexionante. La obra no es el objeto, ni el concepto. Es las dos cosas. La gente percibe el objeto, pero no percibe la relación conceptual que la obra establece con el mundo del arte y ese es su punto débil. Una sociedad adicta al consumo pasivo quiere que el significado se le entregue todo masticado, y cuando el arte se niega a hacerlo, la gente lo rechaza por ser incomprensible y aburrido.

 


Comentarios

Entradas populares de este blog

1 + 1 = 2

Es alucinante cómo hoy en día nos pasamos la vida obsesionados con las mismas obras de arte de siempre. Y la verdad, me tiene tan intrigado como preocupado.  No es más que el primer paso para no ser nadie en el futuro.  Deberíamos estar como locos y fanatizados por las ideas nuevas y rom pedoras en el arte, pero lejos de eso, parece que estamos atrapados en lo mismo de siempre, ignorando lo que reclama nuestra generación. Es curioso cómo hemos convertido algunas obras en, literalmente, productos de consumo masivo. Medimos el valor del arte por su reconocimiento o historia más que por su capacidad de conmover o revoluciona r . Y es que en esto siempre hay algo más. La mayor ía se conforma con una mirada superficial a las obras consagradas, mientras pasa completamente de la riqueza y profundidad del arte actual, una actitud injusta y frívola. Piensa que todo el mundo hace fotos a las obras, pero pocos se paran a intentar entend erlas de verdad.  Lo peor es que esta obsesión...

Cuerda Floja

Las instituciones artísticas se encuentran ahora mismo en el jardín del vecino más cascarrabias del vecindario, y por si fuera poco tienen que enfrentarse de cara a un dilema ético que cuestiona los pilares de la poca libertad creativa que nos queda: la cu ltura de la cancelación. Un fenómeno que nos impusieron por la espalda, desarrollamos y que hizo que todos acabáramos con la piel más fina que el cloisonné , cuya mezcla de justicia social con un tribunal digital ha convertido los espacios culturales en trincheras ideológicas donde cada obra se somete a un escrutinio más intenso que la penúltima pregunta del “Juego de tu Vida”. Hannah Arendt nos alerta sobre cómo el juicio moral y social, cuando no se confronta con la reflexión crítica, puede convertirse en un instrumento de exclusión: "La violencia se vuelve más peligrosa cuando es institucionalizada y no es confrontada con la r eflexión crítica." Este pensamiento resulta esencial en el contexto actual, donde la cancelació...

Plata no es

  La vida va tan rápido y todo está en tan constante cambio que a veces nos cuesta asimilarlo, y aún hay cosas que todavía no entiendo. Llevo unos días pensando acerca de la incesante búsqueda que tenemos como   sociedad líquida 1 de intentar elevar lo ordinario y equipararlo a la categoría de arte. Creo que os habréis dado cuenta de que esta situación ha alcanzado niveles que rozan lo patético, manifestándose en una suerte de tragicomedia cultural donde hasta el más insignificant e objeto de consumo aspira a la trascendencia artística.   ¿Y si nos hemos obsesionado con elevar lo mundano a la categoría de obra maestra?    Las empresas y las marcas lo hacen constantemente, en un ejercicio de contorsionismo tanto intelectual como conceptual, digno del Cirque Du Soleil ; y la verdad que esto siempre me ha provocado tantas carcajadas como perplejidad absoluta. Marcas comerciales se auto -proclaman los nuevos Médici del siglo XXI, y resulta que ahora todo es arte. O...