Todo esto se está volviendo un poco predecible, aburrido y continuista. El otro día, haciendo "reeling" me salió un señor muy elegante hablando de un cuadro que si soy sincero, ni me acuerdo. Yo solo estaba escuchando palabras sin entender mucho lo que decía… a mitad del vídeo salió el precio en pantalla y casi me atraganto. Sentí un poco de vergüenza. ¿Soy yo el que no ve lo sublime? ¿O se estaban quedando conmigo? No sabría qué decirte.
Aunque bueno, eso no es lo importante, solo es una simple anécdota. Lo realmente importante es que debajo de esa publicación se esconde una de las ideas más buenas de la teoría económica moderna: la asimetría de información.
George Akerlof recibió el Premio Nobel de Economía en 2001 por sus análisis de mercados, donde dice que siempre una parte sabe mucho más que la otra. Su trabajo más famoso, "The Market for Lemons", explicaba cómo un mercado puede empeorar cuando los vendedores conocen la calidad real y los compradores no. El ejemplo que pone son los coches usados. El vendedor sabe si es un "melocotón" o un "limón", como los llama Akerlof. Pero, sin embargo, el comprador no puede distinguirlos bien. Como no quiere arriesgarse, ni quiere que le estafen, ofrece un precio medio. ¿Qué ocurre? Que los vendedores buenos abandonan el mercado, mientras que los malos se quedan. Esto significa que la calidad media cae y el mercado termina dominado por los "limones".
Es duro decirlo así, pero tú realmente no tienes forma de verificar si eso es una genialidad o un chiste. El galerista, el crítico y el advisor sí. Ahí es cuando aparece la asimetría de información. No hace falta que todos los artistas y galerías engañen para que exista este problema; basta con que el comprador no pueda auditar fácilmente el valor de lo que se está comprando. Obviamente esto no es solo una cuestión moral o de cada persona en particular. Tiene consecuencias económicas estructurales, porque cuando la información está muy desequilibrada, aumenta la desconfianza, y las ventas no salen, justo por esa desconfianza. Los creadores con un discurso más sólido son los que tienen más difícil competir frente a quienes inflan sus obras con conceptos huecos de cuatro palabras que, juntas, suenan bien. Y ya nos volvemos incapaces de distinguir, y terminamos desconfiando de todo el sector. Nos cansamos. Nos apartamos. Nos volvemos cínicos.
Esto pasa cuando la información del vendedor es blanda, no verificable y envuelta en humo. El mercado se bloquea, por el simple hecho de que el comprador no tiene dónde agarrarse. Solo cuando la información tiene trayectoria real, documentación técnica transparente, una reputación demostrable, el intercambio vuelve a fluir con algo parecido a la normalidad.
No sé si me explico bien, pero no estoy hablando de que alguien pague un dineral por un plátano pegado a la pared. Eso da para otro post. Más bien hablo de que el problema económico que hay de fondo es lo que hace que se pierda eficiencia en el mercado. Son recursos que podrían destinarse a inversión en talento, que al final se tornan en actividades rentistas. Dicho de otra forma: si no puedes comprobar el valor artístico que te prometen, dependes de la palabra de una persona que no conoces. Y donde la confianza no puede verificarse, nace el abuso. Del abuso a la desconfianza, cerrando así el círculo infinito.
Crear una pieza que dialogue con su tiempo y aporte una perspectiva nueva genera valor, claro. Vender humo envuelto en jerga aprovechando una ventaja informativa, pues no. Lo que hace es distribuir ese valor hacia quien controla el discurso. Por eso la asimetría informativa no es simplemente "un timo", es un mecanismo sutil y corrosivo que puede deteriorar mercados y castigar a quienes trabajan con las manos manchadas de verdad.
Así que ya sabes: fórmate visualmente, infórmate previamente de lo que vas a ver y, si puedes, aprende un poco de historia del arte.
De momento no podemos hacer mucho más.
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