Navegando superficialmente por una página de cuyo nombre no quiero acordarme, de repente me saltó una ventana flotante que decía: "A otros coleccionistas como tú les encantó esta pieza". Y pensé: qué bien, parece que no estoy solo en esto. ¿Lo estoy? Pues sí, porque realmente me encontraba ante uno de los mejores mecanismos en la era de la "digitalización del arte". Uf, qué mal suena eso.
Pues bueno, básicamente estas plataformas funcionan más o menos como una especie de espejo de lo que otros usuarios han hecho ahí antes que tú. Rastrean lo que se compra e incluso cuánto tiempo has pasado viendo algo en particular, luego se lo devuelven a otro como una sugerencia que casi nunca acierta.
Detrás de Artsy hay una cosa que asusta un poco, lo llaman The Genoma Project. En la teoría son un grupo de 20 personas que lo que hacen es como definir los "genes" de las obras; y he leído que se le asignan más de 1,000 características a cada obra, tales como movimientos artísticos, temas, técnicas…etc. En pocas palabras, es una base de datos gigantesca donde cada obra es reducida a un ADN artificial, que en realidad sólo son un montón de etiquetas que saltan cuando miras algo. El sistema observa tus clics, tus favoritos, tus segundos de duda, para luego compararlo con el comportamiento de otros miles visitantes de la página. "A este le gustan los azules y las líneas rectas. Pues le voy a dar más azules y más líneas rectas". Pero nunca te pregunta por qué te gusta el azul. Si es porque te recuerda a la cocina de tu abuela o porque te gusta el mar. Da igual. El Genoma no necesita saberlo.
El algoritmo conoce tu gusto íntimo, eso está claro. Pero ¿en serio un modelo estadístico puede saber que te gusta ese cuadro exactamente? ¿o solo te muestra cosas que se parecen o que incluso han sido vendidas a los demás? Es fácil. Lo que más se visita es lo que más recomienda… parece inofensivo, pero lo que hace en realidad es empujar a todos hacia el mismo perfil estético y a la homogenización del gusto. Al final esa IA, que dicen que únicamente ayuda a tareas simples, acumula datos y termina sólo sabiendo de multitudes. Y la multitud no suele tener muy buen gusto en el arte que digamos. O sí… pero uno muy aburrido.
Por otra parte me gustaría hablar de Nala, porque es que no me puedo callar. Nala es básicamente un Tinder de obras de arte para colgar en el salón. El fundador de NALA, Ben Gulak (sí, lo he buscado) ha declarado explícitamente que la aplicación tiene "aspectos propios de plataformas de citas"… osea que puedes deslizar a la derecha si te gusta un cuadro abstracto con manchas, o puedes deslizar a la izquierda si ese bodegón te da grima. Y el algoritmo aprende. Es de risa. La plataforma utiliza un sistema de doble recomendación (por artista y por atributos visuales de la obra) que se refina en tiempo real con cada "me gusta" o "no me gusta" del usuario.
No sé si la inteligencia artificial en general terminará por reemplazarnos o por quitarnos el trabajo, pero que lo haga ya. Nuestra relación con lo que históricamente reconocemos como arte está acercándose peligrosamente al borde, y cada vez menos gente quiere experimentarlo en primera persona. En el fondo sé que hay… ellos y ellas son la resistencia. Herejía en tiempos de clics.
"Herida" (2024) - Créditos de Álvaro Soto"
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