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La Tarea Inevitable

Llevas diez minutos esperando en la cola del supermercado, la fila avanza con una lentitud que roza lo cruel, otra caja abre y la gente se abalanza. No te cambias, ves en tu fila que nadie se cambia y recuerdas ese TikTok que hablaba sobre la falacia del coste hundido: ya hemos invertido tanto tiempo que cambiarnos sería "tirarlo". Inconscientemente, sigo atrapado en una cola mediocre antes que admitir que he perdido el tiempo y que lo único inteligente sería seguir aquí…

Pues con los proyectos creativos pasa exactamente igual. Muchas veces nos enquistamos en una obra que dejó de emocionarnos hace meses o en un texto que nunca termina de funcionar, solo porque ya le hemos dedicado mucho tiempo. Eso no es perseverancia, es terquedad. Nos han metido en la cabeza que sólo lo finalizado es lo correcto, y muchas veces intentamos forzar ideas que están a punto de morir sólo para acabarlo. De momento no puedo ver el futuro, pero puedo decirte ya que el resultado no estará a la altura de lo que esperas.

Lo primero que tenemos que hacer es pensar que no somos una sociedad empírica, sino resultadista, que no es lo mismo. Muy poca gente confía en el proceso y esos proyectos que dejamos medias, en realidad nos devuelven un reflejo demasiado honesto de nosotros mismo y que no todos estamos dispuestos a aceptar. En todo lo que dejamos a medias se encuentra nuestra peor vulnerabilidad. El fracaso (si se le puede llamar así) no es por lo que falta. Molesta porque muestra lo que somos de verdad… todos empezamos con entusiasmo y luego nos vamos aburriendo, nos asustamos o simplemente encontramos algo más jugoso que hacer. Como en la cola, nos da pánico admitir que hemos perdido el tiempo.

Pero me he dado cuenta de algo…. que lo mejor del proceso casi nunca está en el final, por mucho que pienses que no tengo razón mientras lees esta línea. La magia aparece cuando ya no pensabas en el resultado, y si lo fuerzas, estás perdido. Deja que repose, deja que el tiempo haga lo suyo; las cosas perdidas en casa suelen aparecer cuando buscas otra cosa. El hacer tiene una generosidad que el terminar nunca va a tener, porque hacer es explorar y equivocarse sin ningún tipo de presión; en cambio, terminar forzosamente huele a rendición de cuentas, y eso nunca será lo mismo que lo espontáneo del crear.

Admito que hay una inteligencia perversa en quienes saben abandonar a tiempo, en esa gente que se cambia de cola sin mirar atrás. No me refiero a la dejadez, ojo. Hablo de ese instante lúcido donde se te enciende la bombilla, que no es más que la experiencia del que ha pasado tantas veces por ese proceso que sabe y entiende la lógica de las cosas.

Así que pienso que lo mejor es no preguntarte a ti mismo si acabaste. Sino, que mientras lo hacías, sentiste algo. Si renegaste, si bailaste solo en el taller, si te quedaste mirando el resultado a las dos de la mañana pensando si era bueno o daba pena. Eso no lo da el final, porque es la caricia del proceso. No me gusta decirlo así, pero la obsesión por "terminar" esconde en el fondo la cobardía de quien prefiere algo bien puesto antes que aventurarse al crear sin red, al miedo de perder algo que ya no existe.

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