¿Piensas que un diseñador es caro? Hazlo con la IA y sin verlo te digo que el resultado será una basura. ¿Piensas que una pintura es cara? Hazlo tú o compra una lámina en IKEA (respectfully). Con esto, a mí se me revuelve algo por dentro, de verdad... porque que nadie le regatea el sueldo a un cirujano para que te opere de la pierna, ni nadie regatea el precio de una botella en el VIP, pero con el arte sí, siempre pasa.
Me molesta un poco la manera tan cómoda que tiene la gente de admirar la creación en la teoría y despreciarla en la práctica. He observado que muchos aplauden con la boca chica a quien "tiene talento" y luego preguntan por ahí por qué cobra tanto por eso tan raro que hace con las manos y no por trabajar con una excavadora o un ordenador. No sé. Como si la mano no costara años, o como si los materiales fueran gratis. El trabajo intelectual y estético sigue siendo casi para todos, un lujo opcional. Bonito pero prescindible. Y por supuesto nunca un trabajo de verdad.
La IA... directamente paso de extenderme más de lo que ya todos pensamos. Hemos llegado (¿ya?) al punto en el que se puede simular que se tiene arte en casa o incluso un cartel para anunciar "cosas", sin pagar, sin esperar y sin tener que lidiar con el ego de nadie (creo que esa es la mejor parte). Pero lo que sale, si podemos llamarlo de alguna manera, es malísimo, sin más. Plano, sin decisión, y sin esa huella inconfundible que deja una mano que sabe lo que quiere y lo que no. Pero bueno, he de admitir que ya casi a nadie le importa eso. La mediocridad gratuita e inmediata es como suficiente para todos ¿no? y eso, a mí, es lo que me tiene más preocupado.
Al final, que la IA compita con el creador, bueno, nunca me importó, pero ahora... que el criterio del público sea tan cómodo que ya le importa si la creatividad ha nacido de un conjunto de decisiones humanas o del prompt que utiliza todo el mundo... eso es otra cosa totalmente distinta. Lo que importa es el contenido. ¿No era así?
Es verdad que el arte contemporáneo siempre ha tenido fama de ser un fraude elegante, una excusa para vender vacío a precios estratosféricos; y no es para menos, hay mucho de eso. No voy a fingir lo contrario. Pero qué cómodo es despreciar la obra, y qué cómodo dejar de pagar por el gesto humano. Eso ya no incomoda a nadie. Lo que se ha muerto no es el arte... somos nosotros, mirando el vacío convencidos de que hay algo detrás.
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